GAZA Y EL SILENCIO DE LA COMUNIDAD MUNDIAL

May 18, 2025

Por Mahmoud Elalwani

Embajador del Estado de Palestina en Bolivia

Cuando se cometen genocidios, se bombardea a niños y se entierran familias bajo los escombros, el horror no está sólo en el sonido de las bombas y en el ruido constante de los drones, también en el silencio ensordecedor de la comunidad internacional que nunca ha sido neutral porque siempre ha tenido una postura clara del lado del opresor. El mundo de hoy atraviesa una fase histórica caracterizada por el colapso de los valores humanos y la ausencia espiritual, de seguridad y de paz. Este es el resultado del declive de los principios sobre los que se fundó la civilización moderna: la hermandad, la libertad, la igualdad, la justicia y la racionalidad. Los seres humanos ya no son el centro de atención sino más bien una simple herramienta en un sistema de consumo dirigido por fuerzas que controlan la toma de decisiones a nivel global. Esta realidad se evidencia claramente en la tragedia que vive el pueblo palestino, particularmente en Gaza, donde se revela el verdadero rostro de las políticas internacionales injustas que perpetúan la tiranía y la explotación.

La guerra en Gaza es un claro ejemplo de esta dualidad: las masacres y los desplazamientos se enfrentan con justificaciones endebles mientras las instituciones internacionales adoptan un discurso vacío sobre los derechos humanos. Lo que está sucediendo en Palestina no es sólo un conflicto local, es una verdadera prueba para la conciencia del mundo y para el destino de la humanidad. Si el sistema global continúa conspirando con la ocupación israelí y suprimiendo los derechos legítimos del pueblo palestino, nos encaminamos a un mayor colapso moral y de desintegración social. El mundo de hoy se encuentra en una encrucijada, o bien restablecemos el respeto por los verdaderos principios humanitarios o continuamos avanzando hacia un futuro gobernado por la fuerza ciega del mal y por sus intereses miopes.

¿Qué impide que las Naciones Unidas y los principales consejos mundiales tomen decisiones decisivas para detener el derramamiento de sangre en Palestina? ¿Acaso la justicia depende de los intereses de las grandes potencias? ¿Las vidas de personas inocentes no valen nada, sólo sirven a una agenda política determinada? Estas preguntas se repiten con cada tragedia humana, la más amarga de las cuales es la que está sucediendo en Palestina, particularmente en Gaza.

El silencio ante los crímenes es una complicidad camuflada. Cuando se demoran las decisiones, se retrasan las acusaciones y se equipara a la víctima con el verdugo, el criminal obtiene de esta inacción su legitimidad. Es como si el mundo le dijera: Haz lo que quieras, no nos interpondremos en tu camino. La dolorosa ironía es que el mundo habla de “derechos humanos”, pero no protege a los seres humanos. Cada minuto de retraso en adoptar una postura firme significa más vidas perdidas, más niños que pierden a sus padres y más mujeres que buscan a sus hijos entre los escombros. El opresor no necesita sólo apoyo militar, el silencio del mundo le basta para continuar perpetrando sus crímenes con tranquilidad.

El silencio internacional es el arma más poderosa que se le da al opresor sin que éste lo pida. Se trata de una colusión con una nueva cara y de un delito cometido bajo la apariencia de legitimidad. Si el mundo no despierta de su inacción, la historia registrará este silencio como una mancha indeleble de vergüenza y recordará que quienes guardaron silencio ante el crimen fueron cómplices de él.

Si la comunidad internacional realmente quiere defender los valores humanitarios, debe adoptar medidas concretas para poner fin al sufrimiento de los palestinos. Se deben imponer sanciones internacionales a los que violen los derechos humanos en Palestina, apoyar iniciativas jurídicas que busquen exigir responsabilidades a los responsables de crímenes, proteger y fortalecer a los medios de comunicación libres para garantizar la transmisión de la verdad sin censura ni distorsión y contribuir a crear una conciencia mundial real sobre la situación en Gaza, hay que ejercer presión política y diplomática para obligar a las partes activas a sentarse a la mesa de negociaciones de acuerdo con las leyes de legitimidad internacional.

¿Será capaz la humanidad de recuperar sus valores y salvarse de caer en la trampa o lo que está sucediendo en Gaza simplemente es el comienzo de un colapso más amplio de un sistema que pretende ser civilizado mientras practica la barbarie? La respuesta a esta pregunta no sólo afecta a Gaza, sino también al futuro de la humanidad en su conjunto.

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