YPFB advierte que más de 30 millones de litros de gasolina y diésel están retenidos en ruta debido a conflictos sociales, mientras seis buques esperan descargar en Arica
La distribución de combustibles en Bolivia enfrenta uno de sus momentos más delicados del año. Trece puntos de bloqueo, la mayoría en el departamento de Cochabamba, han obstaculizado el desplazamiento de al menos 867 cisternas que transportan más de 31 millones de litros de carburantes, situación que pone en jaque el suministro en distintas regiones del país.
La información fue confirmada por Marcos Eduardo Durán, director de Comercialización e Importación de Hidrocarburos de YPFB, quien alertó sobre el grave impacto de estas movilizaciones. “Estas medidas de presión están interrumpiendo el flujo normal de combustibles. Pedimos a quienes bloquean que cesen esta acción, ya que se está afectando a toda la población”, declaró en rueda de prensa.
Los bloqueos son promovidos por sectores vinculados al expresidente Evo Morales, quienes exigen la inscripción de su candidatura, a pesar de que no cuentan con una sigla legalmente habilitada y que el plazo para registrarse venció el 19 de mayo. Esta tensión política se ha traducido en protestas que ahora complican la operativa energética nacional.
Según Durán, de las 867 cisternas varadas, 689 están destinadas al transporte de diésel y las 178 restantes a gasolina. Los volúmenes retenidos forman parte del plan de abastecimiento de 75,7 millones de litros previsto entre el 2 y el 8 de junio.
Pero los bloqueos no son el único desafío. A esta situación se suma la imposibilidad de descargar seis buques con combustibles en el puerto de Arica debido a un alto oleaje en el Pacífico. Las embarcaciones transportan un total combinado de 189 millones de litros —entre gasolina, diésel y petróleo crudo—, y su llegada es vital para reponer las reservas nacionales.
Para compensar la situación en Arica, YPFB ha intensificado sus operaciones de importación a través de otros países vecinos. Argentina, Paraguay y Perú se han convertido en rutas alternas para traer carburantes al país. De acuerdo con Durán, se prevé que esta semana se logre la descarga de tres buques: el Mishell, con 14,8 millones de litros; el Sky Rider, con 41 millones de gasolina; y un tercer buque con igual cantidad de diésel.
A pesar de las dificultades, el cronograma logístico de la empresa estatal contempla el arribo de 2.296 cisternas en total, de las cuales 1.447 transportan más de 457 mil litros de diésel y 849 llevan 28 millones de litros de gasolina. Todo este esfuerzo logístico depende de que las vías de acceso al país estén liberadas.
En paralelo, el director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Germán Jiménez, anunció que entre el miércoles y jueves de esta semana se espera el ingreso de 14 millones de litros de gasolina a través de Arica, en caso de que las condiciones marítimas lo permitan. “Este volumen es importante y puede aliviar la demanda en las estaciones de servicio, donde se han visto largas filas en los últimos días”, afirmó.
Las colas de vehículos en busca de combustible se han multiplicado en las principales ciudades del país, en un contexto de incertidumbre por la disponibilidad de gasolina y diésel. Frente a este panorama, las autoridades llamaron a la calma e insistieron en que el país cuenta con una autonomía de al menos tres días gracias a los 80 millones de litros almacenados en las plantas logísticas.
Joel Callaú, gerente de YPFB Logística, también se pronunció sobre la situación y explicó que están previstas más de 2.400 cisternas para abastecer los centros de distribución en el transcurso de la semana. Sin embargo, advirtió que los bloqueos prolongados podrían provocar una ruptura en la cadena de suministro.
“El combustible está disponible y las rutas alternas están activas. Lo que complica todo es el cierre de caminos. Si se mantiene esta situación, podríamos tener retrasos importantes en la provisión”, indicó Callaú.
Bolivia enfrenta así una doble amenaza: por un lado, la inestabilidad social con demandas políticas que paralizan la circulación interna; y por otro, los fenómenos climáticos que afectan la logística de importación por mar. Ambos factores, sumados, comprometen la seguridad energética del país a corto plazo.






