El presidente electo chileno intensifica su discurso contra la migración irregular, responsabiliza a países vecinos por entradas porosas y sugiere sanciones económicas si no colaboran en la devolución de expulsados.En los días posteriores a su victoria electoral, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, ha endurecido su retórica contra la migración irregular y reforzado una postura que vecinos como Bolivia y Perú interpretan como confrontacional y potencialmente dañina para las relaciones regionales.El discurso ha tenido un impacto inmediato en las fronteras norteñas. En Perú, las autoridades de Tacna declararon estado de emergencia en varias provincias limítrofes para enfrentar lo que calificaron de “riesgo de ingresos sin autorización”, movimiento que se produjo tras declaraciones de Kast sobre expulsiones masivas. La situación diplomática entre Chile y Bolivia también ha mostrado signos de fricción. Aunque el propio Kast ofreció palabras sobre la intención de restablecer relaciones diplomáticas y cooperación fronteriza con Bolivia para gestionar la inmigración, sectores políticos bolivianos han rechazado esa narrativa cuestionando la sinceridad de su enfoque. Declaraciones previas de Kast incluían la propuesta de reforzar la frontera con un “muro” para frenar la migración irregular proveniente de Bolivia, declaraciones que causaron molestia en La Paz. Más allá de los anuncios sobre deportaciones, distintas fuentes interna¬cionales e informes periodísticos dan cuenta de que Kast ha tomado una línea de confrontación cuando se refiere a los vecinos que no cooperen en la aceptación de migrantes expulsados. A funcionarios chilenos se les ha atribuido la postura de que, si países como Bolivia no aceptan a quienes Chile expulse por ingreso ilegal, se barajarían sanciones, incluyendo la posibilidad de limitar o suspender tránsitos comerciales portuarios esenciales para la economía boliviana. Aunque no hay confirmación oficial de un cierre inmediato de operaciones portuarias, el tono de estas advertencias ha encendido alarmas en gobiernos vecinos.Expertos en relaciones internacionales señalan que este tipo de mensajes, si no se acompaña de diálogo diplomático, puede erosionar la cooperación en áreas críticas más allá de la migración, como comercio, energía y transporte internacional.Organismos de derechos humanos y exministros de Relaciones Exteriores de Chile han criticado el enfoque de Kast, advirtiendo que sus propuestas, que incluyen expulsiones masivas y restricciones severas a los migrantes, no sólo podrían violar derechos consagrados en tratados internacionales, sino también poner en riesgo las relaciones con vecinos andinos. En Lima y La Paz, autoridades han hecho hincapié en la necesidad de enfoques más cooperativos frente a la migración irregular, proponiendo soluciones conjuntas y marcos binacionales que no conviertan el problema en una disputa diplomática abierta.La percepción de que Bolivia y Perú son rutas por donde ingresa una gran cantidad de personas sin documentos ha sido central en el discurso de Kast. Al insistir en que sin cooperación con esos países no podrán implementarse eficientemente las expulsiones, su administración se juega los primeros meses de mandato en consolidar, o tensionar definitivamente, vínculos históricos en la región.





