Mientras crece la presión por explotar yacimientos auríferos en los Yungas paceños, áreas donde habita el tilcayo enfrentan el avance de operaciones mineras que ya generan preocupación ambiental y social.
Basado en el reportaje de Caio Ruvenal, publicado por EL PAÍS el 16 de octubre de 2026.
La aparición del tilcayo colocó a Bolivia en la atención de la comunidad científica internacional. El pequeño felino, identificado recientemente como una especie distinta, fue presentado como el primer felino salvaje descrito por la ciencia en más de un siglo. Pero mientras el hallazgo despertaba interés dentro y fuera del país, en los bosques donde sobrevive este animal avanzaba otra historia menos celebrada: la expansión de la minería del oro en los Yungas de La Paz.
La situación se concentra especialmente en el municipio de Coroico, una de las puertas de ingreso a una de las regiones con mayor biodiversidad del país. Allí conviven bosques nubosos, ríos de montaña y una gran variedad de especies animales. También existen importantes reservas auríferas que en los últimos años han cobrado mayor relevancia debido al elevado precio internacional del oro y a las dificultades económicas que atraviesa Bolivia.
EL ORO AVANZA SOBRE LOS YUNGAS
A pocos kilómetros de La Paz, el paisaje cambia radicalmente. Las montañas áridas dan paso a una vegetación densa que desciende hacia la Amazonía. Es precisamente en ese corredor ecológico donde se encuentra el hábitat del tilcayo.
Sin embargo, en varios sectores de la región ya son frecuentes las operaciones mineras. Según la cartografía elaborada por la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM), en Coroico existen alrededor de 16 áreas autorizadas para actividades mineras y otras 129 que se encuentran en trámite o solicitud. La propia entidad realiza inspecciones porque parte de esas operaciones funcionan mientras completan procesos de regularización.
Para los habitantes de la zona, las señales de la expansión extractiva ya forman parte del paisaje cotidiano. Donde antes predominaban árboles y vegetación continua, hoy aparecen claros abiertos por maquinaria pesada. Retroexcavadoras, camiones y volquetas trabajan principalmente a orillas de los ríos removiendo toneladas de sedimentos en busca del metal precioso.
Las consecuencias no solamente son visibles en la tierra removida. En varios sectores también se observan taludes debilitados, derrumbes y márgenes erosionadas por los cambios provocados en el terreno.
EL REFUGIO QUE PROTEGE AL TILCAYO
Uno de los puntos más sensibles de esta situación se encuentra en las inmediaciones del refugio de vida silvestre Senda Verde, ubicado cerca de Coroico. Allí vive Tigrino, el ejemplar que permitió a los investigadores identificar oficialmente al tilcayo como una nueva especie.
El animal llegó al refugio después de haber sido encontrado cuando era cachorro. Durante años permaneció bajo cuidado especializado hasta que los estudios científicos demostraron que pertenecía a una especie desconocida para la ciencia. Ese hallazgo terminó por convertir a Senda Verde en un lugar de referencia internacional para investigadores y conservacionistas.
Sin embargo, la preocupación principal de quienes administran el santuario está puesta fuera de los recintos donde viven los animales rescatados.
La fundadora y directora del refugio, Vicky Ossio, expresó su preocupación por la cercanía de las actividades extractivas. “Todos estamos superorgullosos por el felino. Nos hizo volcar la mirada al mundo natural. En Coroico ya se firmó una ley que protege al tilcayo. ¿Cómo vas a hacer eso y permitir la minería que afecta a todos los animales silvestres?”, declaró al diario español EL PAÍS.
La inquietud no se limita únicamente al felino recién descubierto. El refugio alberga aproximadamente 1.200 animales correspondientes a unas 70 especies distintas que llegaron allí tras ser rescatados de diferentes situaciones de riesgo.
EL RUIDO QUE DESPLAZA A LA FAUNA
Los responsables de la reserva afirman que los efectos de la actividad minera ya son perceptibles en la fauna local.
Según relató Ossio, durante los periodos de mayor movimiento de maquinaria algunos animales modificaron sus hábitos o abandonaron las zonas cercanas. “Con el ruido de las máquinas se escapaban los monos capuchinos. Ese ruido los hace desplazarse. Había incluso felinos a los que se veía cruzar la carretera”, señaló.
De acuerdo con esa versión, el propio Tigrino sería parte de una historia vinculada a esos desplazamientos. El ejemplar apareció lejos de su entorno natural cuando todavía era una cría y terminó llegando al refugio tras pasar por manos de pobladores locales.
La notoriedad alcanzada por el descubrimiento del tilcayo multiplicó las visitas y consultas que recibe Senda Verde. Sin embargo, la administración del santuario ha preferido mantener restringido el acceso al felino para evitar situaciones de estrés que puedan afectar su bienestar.
UNA DISPUTA ABIERTA POR LAS CONCESIONES
La tensión entre conservación y minería llegó incluso a instancias legales.
La operación minera que generó mayor preocupación en las proximidades del refugio está vinculada a terrenos que forman parte de un grupo de concesiones anteriores a la actual Ley de Minería y Metalurgia. La AJAM identifica estos casos como derechos preconstituidos, una figura que obliga a adecuar las operaciones a los requisitos ambientales vigentes.
Las diferencias surgieron cuando representantes del refugio solicitaron documentación ambiental actualizada. El conflicto escaló hasta terminar con la detención temporal de tres integrantes de una cooperativa minera, quienes posteriormente recuperaron su libertad.
Más allá de ese episodio puntual, la discusión refleja un problema mucho más amplio que atraviesa a prácticamente toda la región yungueña.
RESERVAS BAJO PRESIÓN
La preocupación por el avance minero también alcanza a otras áreas donde existen registros de tilcayos y de cientos de especies de vertebrados.
Uno de esos lugares es el parque Cotapata, donde se reportó una bocamina durante 2025. Habitantes de la región y promotores de iniciativas de conservación sostienen que los riesgos no se limitan a la pérdida de cobertura vegetal. También advierten posibles impactos sobre cursos de agua utilizados por comunidades locales.
Las reservas comunitarias aparecen como una de las herramientas utilizadas para intentar frenar el ingreso de nuevas operaciones extractivas.
A poco más de tres kilómetros de Senda Verde se encuentra la reserva Río Negro. Las 12 comunidades que conforman esta iniciativa trabajan en la elaboración de un plan de manejo destinado a obtener protección legal para unas 6.200 hectáreas de territorio.
Uno de sus representantes, Víctor Álvarez, aseguró que la presión minera es permanente.
“Cada día que pasa hay amenaza minera. Tenemos identificadas entre cuatro y seis cooperativas que amenazan el 80% de nuestro territorio”, afirmó.
LA EXPANSIÓN DE LA MINERÍA ARTESANAL
La actividad minera en la región no está compuesta únicamente por grandes cooperativas.
En distintos puntos de Coroico trabajan grupos de buscadores de oro conocidos localmente como barranquilleros. Se trata de personas que aprovechan temporadas de menor actividad agrícola para extraer oro en las riberas de los ríos.
Aunque históricamente esta práctica era considerada artesanal, autoridades locales y organizaciones ambientales observan una incorporación creciente de equipos mecanizados.
Durante una visita a la zona, EL PAÍS reportó la presencia de grupos que utilizaban motobombas y otros equipos para movilizar grandes volúmenes de agua y sedimentos.
Para los responsables de Senda Verde, esta modalidad también genera impactos significativos sobre el entorno.
La directora de Medio Ambiente de Coroico, Ana Carranza, explicó que además de las motobombas algunas operaciones emplean equipos de succión que modifican el borde de los ríos y elevan la cantidad de sedimentos en suspensión. Según la funcionaria, esa situación puede afectar hábitats acuáticos y alterar las condiciones naturales de los cursos de agua.
UN CONFLICTO QUE DIVIDE A LAS COMUNIDADES
Las diferencias sobre la minería ya no se limitan al ámbito ambiental.
En diversas comunidades de los Yungas también surgieron tensiones internas entre quienes defienden la explotación aurífera como fuente de ingresos y quienes consideran que los costos para el territorio son demasiado altos.
El fenómeno se observa en varios municipios de la región. En Coripata se registraron protestas vinculadas a denuncias por la calidad del agua, mientras que en La Asunta los conflictos llegaron a episodios de violencia que terminaron con personas heridas y daños en maquinaria perteneciente a cooperativas mineras.
A pocas semanas de haber sido presentado ante el mundo como una nueva especie, el tilcayo permanece en el mismo territorio donde se desarrolla esta creciente disputa. Mientras científicos continúan estudiando al felino y sus características, los bosques donde habita enfrentan una presión cada vez mayor por la búsqueda del oro que yace bajo los ríos y montañas de los Yungas.









