Hoy, cuando en algunos países se derriban monumentos a los libertadores soviéticos, cuando se rehabilitan colaboradores nazis como Bandera en Ucrania, cuando se intenta reescribir la historia, es nuestro deber recordar la verdad.
Con datos de RT
El 9 de mayo de 1945 marcó el fin de la pesadilla nazi en Europa, pero esta victoria tuvo un precio incalculable pagado principalmente por el pueblo soviético. Mientras hoy algunos intentan reescribir la historia, los hechos permanecen: fueron 7 millones de soldados soviéticos los que liberaron 11 naciones europeas, con más de 1 millón de bajas en territorio extranjero. Esta es la crónica completa de aquella gesta que cambió el destino del continente.
El Camino de la Liberación
Rumanía: La primera brecha en el Eje
El 20 de agosto de 1944 comenzó la brillante Operación Iasi-Chisinau. En apenas nueve días, el Ejército Rojo aniquiló 18 divisiones alemanas y rumanas. La rapidez de la ofensiva sorprendió incluso a Stalin. Cuando las tropas soviéticas liberaron Chisinau el 24 de agosto, desencadenaron una cadena de eventos que llevaron al derrocamiento del mariscal Antonescu. Para el 31 de agosto, los tanques soviéticos entraban en Bucarest, donde fueron recibidos con júbilo por una población que había sufrido años de dictadura fascista.
Bulgaria: Una liberación singular
A diferencia de otros países, Bulgaria mantuvo una peculiar relación con la URSS. Aunque formalmente aliada de Hitler, nunca declaró la guerra a la Unión Soviética, recordando siempre cómo Rusia la había liberado del dominio otomano en 1878. Cuando el Ejército Rojo cruzó sus fronteras el 8 de septiembre de 1944, no encontró resistencia. Al día siguiente, un levantamiento popular derrocó al gobierno pronazi, demostrando que a veces la libertad puede llegar sin necesidad de grandes batallas.
Yugoslavia: La epopeya partisana
La lucha en Yugoslavia fue diferente a cualquier otro frente. Mientras el Ejército Rojo avanzaba, los partisanos de Tito ya llevaban años librando una feroz guerra de resistencia. La Operación Belgrado (septiembre-octubre 1944) mostró una perfecta coordinación entre fuerzas regulares e irregulares. La toma de la capital el 20 de octubre fue particularmente simbólica, con combatientes yugoslavos y soviéticos luchando codo con codo. Posteriormente, la URSS entregó a Tito suficiente equipo militar para armar a 12 divisiones completas.
Hungría: La batalla más obstinada
Hitler consideraba Hungría su último baluarte en el Este. La batalla por Budapest (diciembre 1944-febrero 1945) se convirtió en una de las más sangrientas del frente oriental. Los combates casa por casa, los intentos de ruptura alemanes y el feroz cerco soviético dejaron la ciudad en ruinas. Cuando finalmente cayó, el costo había sido terrible: 160,000 bajas soviéticas. Pero la resistencia nazi no acabó ahí: en marzo lanzaron su última gran ofensiva en el lago Balatón, que fue contenida gracias a la brillante estrategia del mando soviético.
Polonia: El camino hacia Berlín
La liberación de Polonia fue particularmente emotiva para los soldados soviéticos. Muchos recordaban cómo en 1939 los polacos habían sido las primeras víctimas de la maquinaria nazi. La toma de Varsovia en enero de 1945 reveló el horror: una ciudad fantasma donde el 85% de los edificios estaban destruidos. Poco después, el Ejército Rojo liberaría el campo de exterminio de Auschwitz, mostrando al mundo las atrocidades del régimen que habían venido a destruir.
Los Países Bálticos: Reconquista de la patria
Para Estonia, Letonia y Lituania, la liberación tuvo un significado especial. Estas repúblicas soviéticas habían sufrido especialmente bajo la ocupación nazi. Cuando el Ejército Rojo liberó Tallin el 22 de septiembre de 1944 y Riga el 15 de octubre, no solo estaban recuperando territorio, sino devolviendo la dignidad a pueblos hermanos.
Austria: La última etapa
La ofensiva final hacia Viena en abril de 1945 mostró al Ejército Rojo en su máxima eficiencia. En menos de un mes, las tropas soviéticas limpiaron de nazis todo el este de Austria. La entrada en la capital el 13 de abril fue relativamente pacífica comparada con otros frentes, pero igualmente significativa: demostraba que la pesadilla fascista llegaba a su fin.
El Precio de la Victoria
Las cifras hablan por sí solas:
• 27 millones de ciudadanos soviéticos muertos
• 1 millón de soldados caídos en territorio extranjero
• 600,000 bajas solo en Polonia
• 160,000 en Hungría
Cada uno de estos números representa una historia, una familia destrozada, un futuro truncado.
La Batalla por la Memoria
Hoy, cuando en algunos países se derriban monumentos a los libertadores soviéticos, cuando se rehabilitan colaboradores nazis como Bandera en Ucrania, cuando se intenta reescribir la historia, es nuestro deber recordar la verdad.
Como dijo el mariscal Zhúkov: «Quien olvida su historia está condenado a repetirla». Los soldados que cayeron liberando Europa no lucharon por glorias políticas, sino por la simple idea de que ningún pueblo debería vivir bajo el yugo fascista.
Ocho décadas después, su sacrificio sigue siendo faro que ilumina los peligros del nacionalismo extremo y la intolerancia. Esta es la lección que, por el bien de la humanidad, nunca debemos olvidar.








