La alcaldesa Ana Lucía Reis alertó que el río Acre registraba 10.8 metros en la cabecera de Bolpebra, apenas 40 centímetros por debajo del nivel crítico de desborde (11.20 metros), mientras el municipio enfrenta una severa crisis económica que limita su capacidad de respuesta. «Tenemos coraje y unidad para enfrentar la emergencia, pero no tenemos dinero», declaró la autoridad municipal, revelando que el gobierno local solo cuenta con recursos humanos y logísticos para acciones preventivas, pero carece de fondos para atender una eventual inundación.
Reis explicó que, aunque el río comenzó a descender lentamente en territorio brasileño, las aguas siguen llegando a Cobija y podrían alcanzar los 11 metros durante la madrugada. La situación se agrava por la experiencia del año pasado, cuando una crecida similar obligó al municipio a contraer una deuda de 500.000 bolivianos que resultó insuficiente para cubrir los daños. «No tenemos un solo peso para invertir en esta emergencia», admitió la alcaldesa, aunque destacó la coordinación con las Fuerzas Armadas, la Policía y los vecinos para evacuaciones preventivas.
La emergencia hidrológica encuentra a Cobija en su peor momento financiero. La reducción del 25% en los ingresos por el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) ha paralizado servicios básicos como la recolección de basura, el mantenimiento de vías y el alumbrado público. «Llevamos cuatro años pagando deudas y más deudas. Si pagamos sueldos, no pagamos la merienda escolar; si cubrimos proveedores, dejamos de pagar salarios», reveló Reis durante una conferencia de prensa junto al secretario financiero Yovanni Monje.
Actualmente, el municipio arrastra una deuda total de 3.2 millones de bolivianos, incluyendo procesos laborales con órdenes de aprehensión pendientes. A pesar de esta crítica situación, las autoridades intentan reforzar la recaudación de impuestos municipales, que presenta un 40% de morosidad, mientras coordinan con la Gobernación de Pando un plan de contingencia para responder a la posible crecida del río.
Mientras el SENAMHI monitorea las precipitaciones en la cuenca alta -que por ahora no amenazan con agravar la situación- los habitantes de los cinco barrios ribereños más vulnerables ya comenzaron a trasladar sus pertenencias a zonas seguras, recordando la inundación de febrero de 2024 que afectó a 2,500 familias. En Cobija, la solidaridad vecinal y la experiencia pasada suplen, pero no resuelven, la falta crónica de recursos para enfrentar las emergencias recurrentes.








