Una red de paseros protagonizó un nuevo estallido de violencia en el límite entre Bolivia y Argentina, agravando la crisis del comercio informal en la región.
Un sábado convulsionado vivió la localidad fronteriza de Aguas Blancas, en el departamento argentino de Orán, tras un enfrentamiento violento entre contrabandistas y fuerzas de seguridad bolivianas. El hecho tuvo lugar al mediodía, cuando efectivos de gendarmería del país altiplánico desplegaron un operativo de decomiso que derivó en una caótica respuesta por parte de los llamados bagayeros.
Estos grupos, que desde hace años operan de forma irregular cruzando mercadería entre ambos lados de la frontera, reaccionaron con furia ante el intento de incautación. Según reportes del medio Qué Pasa Salta, la tensión escaló rápidamente hasta desatar una batalla campal. Hubo empujones, gritos, amenazas y, en una segunda etapa, ataques con piedras dirigidos a los vehículos oficiales que participaban del procedimiento.
El incidente no es aislado ni nuevo. La zona de Aguas Blancas se ha consolidado como un paso caliente para el comercio informal, especialmente desde que el valor del boliviano cayó drásticamente frente al dólar. Esto provocó un fenómeno poco habitual: el contrabando en dirección contraria, de Bolivia hacia Argentina, ya que el valor de los productos bolivianos, en especial alimentos y artículos de uso diario, se ha vuelto más competitivo del otro lado de la frontera.
La reacción de las autoridades bolivianas ha sido endurecer los controles. El gobierno de Luis Arce implementó una política más agresiva contra el contrabando, lo que ha generado fricciones crecientes con los grupos que subsisten de esa actividad económica. En este contexto, el operativo del sábado fue apenas una pieza más dentro de una estrategia de control que muchos en el lugar consideran represiva.
«Estamos hablando de personas que viven de esto. Les quitan lo poco que tienen», declaró un comerciante de la zona que pidió mantener su identidad en reserva. Para él, los choques no hacen más que reflejar la desesperación de familias que han visto en el cruce informal su única alternativa de ingresos frente a una economía en recesión.
Las autoridades argentinas, por su parte, han mantenido distancia del incidente, aunque reconocen que el aumento del flujo informal ha incrementado la presión en los puntos fronterizos. Desde Salta, funcionarios consultados por medios locales señalaron que se requiere una coordinación binacional más firme para evitar episodios similares, y para encontrar soluciones que no se limiten al uso de la fuerza.




