Con un triunfo revitalizante por 2-0, Bolivia se sacude la presión, rompe una mala racha de seis partidos y se aferra a la ilusión mundialista
El fútbol siempre da revanchas, y esta vez le tocó a Bolivia vivir una noche de redención. Tras seis partidos sin conocer la victoria, la Selección Nacional renació en la altitud de Villa Ingenio, donde derrotó con autoridad a Chile por 2-0 y volvió a sumar tres puntos vitales en la carrera hacia el Mundial.
La cita fue más que un partido: fue una prueba de carácter. Y la Verde respondió. Pese a jugar más de 70 minutos con un hombre menos, el equipo de Óscar Villegas no solo resistió, sino que se creció en la adversidad para mantener vivas sus esperanzas de clasificación.
Con esta victoria, Bolivia alcanza 17 unidades y se coloca a un punto de Venezuela, que tiene un compromiso difícil ante Uruguay en Montevideo. Mientras tanto, la ilusión vuelve a encenderse en cada rincón del país.
Gol tempranero y expulsión inesperada
Los primeros minutos fueron una inyección de esperanza. A los cuatro del primer tiempo, Diego Medina protagonizó una explosiva escapada por derecha y habilitó a Miguel Terceros, quien definió con precisión en el área chica para poner el 1-0. Una jugada rápida, limpia y eficaz, que sacó a relucir lo mejor del joven talento boliviano.
Pero apenas la alegría empezaba a asentarse, un error amenazó con cambiar el rumbo del partido. A los 17 minutos, Lucas Chávez cometió una imprudencia infantil al levantar en exceso la pierna y golpear a un defensor rival. Tras la revisión del VAR, el árbitro le mostró la tarjeta roja directa. Bolivia quedaba con diez jugadores, demasiado temprano en el partido.
Fortaleza defensiva sin fisuras
La expulsión obligó a reordenar el esquema. Villegas decidió replegar las líneas y fortalecer el bloque defensivo, encabezado por Efraín Morales y Diego Arroyo, quienes fueron gigantes en la zaga. Chile, con ventaja numérica, dominó la posesión, pero jamás encontró claridad para generar ocasiones. Salvo un disparo de Echeverría bien resuelto por Carlos Lampe, la Roja fue completamente neutralizada.
El mediocampo también aportó sacrificio. Villamil se multiplicó para contener y cubrir espacios, mientras Algarañaz peleó cada balón como si fuera el último. Bolivia resistió con dientes apretados y corazón encendido.
El segundo tiempo cambia de dueño
En el complemento, la historia se niveló gracias a otra expulsión, esta vez en filas chilenas. Robson Matheus arrancó una jugada individual magistral desde su propio campo y, al ser derribado por Sierralta, provocó la roja directa del defensor visitante. A los 54 minutos, el partido volvía a estar con diez por lado.
Ese cambio fue el impulso anímico que Bolivia necesitaba. Con el regreso del equilibrio numérico, el equipo se animó a ir por más. Terceros probó de tiro libre, y el rebote casi le permite a Morales anotar el segundo. Poco después, una combinación colectiva dejó a Villamil mano a mano, pero el arquero Cortés salvó a Chile una vez más.
El gol de la tranquilidad
Bolivia insistió con inteligencia y paciencia. Y a seis minutos del final, el esfuerzo tuvo premio. Otra gran jugada de Terceros por izquierda terminó con un disparo que soltó el arquero, y José Monteiro, atento, apareció para empujar el balón al fondo de las redes. El 2-0 sellaba la victoria y desataba la fiesta en Villa Ingenio.
El festejo fue más que merecido. Bolivia había hecho todo lo que el partido exigía: golpear al inicio, resistir con disciplina, recuperar la posesión cuando pudo y sentenciar en el momento justo.
Con esta victoria, Bolivia vuelve a instalarse en la conversación por la clasificación. El camino aún es largo y cada fecha será una batalla. Por ahora, el equipo nacional tiene la moral por las nubes y la convicción de que todo es posible.








