Muchas mujeres en Bolivia se han puesto al frente en la defensa de sus territorios y el medio ambiente

Mujeres defensoras de la tierra y el medio ambiente en Bolivia enfrentan ataques que incluyen amenazas físicas, sexuales y otras destinadas a afectar a sus familias y relaciones afectivas, según un libro del Cedib que será publicado este 22 de abril. Esta semana fueron principalmente mujeres quienes denunciaron a mineros por sus acciones en Totoral Chico, Oruro.

“Nos han ultrajado, nos han amedrentado, nos han lanzado dinamitas, nos han amenazado de muerte. Nos han dicho aberraciones. Nos han dicho ‘si tu marido no te pega, ven, yo te voy a pegar’”, relató Claribel Ventura, dirigente de Totoral Chico, a inicio de semana en La Paz.

La amenaza lanzada por mineros del Sindicato de Avicaya, según la denuncia, incluye un tinte machista, ausente cuando los activistas son varones. No es un caso aislado.

“Las defensoras de la tierra y el territorio viven una serie de amenazas provenientes, especialmente, de autoridades y funcionarios de entidades estatales relacionadas directa o indirectamente con las actividades extractivas en los territorios. A ellos se suman otros sectores y grupos de civiles afines al poder político gobernante, hostigando y ejerciendo presión de manera directa contra las defensoras. Y finalmente, aparecen los actores de empresas privadas extractivas en sus diversas formas, quienes generan diferentes estrategias de persuasión, presión y control en los territorios e incluso en otros ámbitos, como las zonas urbanas, donde las defensoras actúan planteando sus demandas.

En el caso de las mujeres, los amedrentamientos tienen un alcance intencionado amplio (…) Las amenazas incorporan acciones que se dirigen a los cuerpos físicos, a la sexualidad, a las relaciones afectivas y a los vínculos familiares de las defensoras”, se lee en el libro inédito “Sistematización de experiencias de protección de mujeres defensoras ambientales y del territorio en Bolivia, en contextos de resistencia al extractivismo (2015-2022)”, escrito por Paola Vargas y editado por el Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib); la publicación verá la luz este 22 de abril en formato digital, para conmemorar el sexto aniversario del Acuerdo de Escazú, tratado para la protección de los derechos humanos y ambientales.

Las amenazas de violencia sexual son recurrentes, como testimonió una líder indígena de El Alto y territorios del altiplano: “No es la primera vez que haya escuchado. Creo que ya me he acostumbrado a escuchar esa palabra, de que van a violar a las mujeres, a mi hija, o decir ‘sabemos dónde estudia tu hija’, meterse con nuestros hijos… Eso no hacen con los varones”. 

ATAQUES Y ATACANTES

Los ataques contra estas mujeres y sus entornos pueden ser verbales o físicos; ataques contra su identidad y reputación; presiones a partir de su precariedad económica; cooptación de sus bases a través de desacreditación y “compra” de los dirigentes; narrativa favorable al poder económico; provocaciones de fuerzas militares y policiales; criminalización y judicialización y sanciones económicas, administrativas y legales, según el Cedib.

Los atacantes son autoridades y servidores públicos, grupos civiles favorecidos por el poder político, grupos económicos, la fuerza pública y autoridades y funcionarios judiciales.

Ante esta situación, estas mujeres reconocen la importancia de formarse más, fortalecer sus redes de apoyo y ensayar otras estrategias de protección con sus comunidades, aunque no siempre es fácil ante la falta de normas para su protección, un Estado ausente y la pobreza.

El libro inédito incluye recomendaciones para organizaciones, pueblos indígenas, sociedad civil y comunidad internacional, así como exigencias al Estado, al que se reclama “promover mecanismos de protección independientes del Estado para las personas que defienden los derechos humanos” porque “los gobernantes, en su condición de administradores del Estado, deben asumir que sobre sus hombros pesa la alta responsabilidad de respetar, proteger y realizar los derechos humanos”.

TESTIMONIOS

•“Mi marido recibía los mensajes. Un día me tiraron un saco con un sapo con la boca cocida, con la amenaza que así iba a quedar yo por bocona”. Defensora, Valle de Tucabaca, Roboré.

  • “Una tiene mucha difamación, una no puede salir sola, tiene que estar con mucha compañía, porque es riesgoso. Unos apoyan la defensa, otros nada que hacer”. Defensora, Tariquía.
  • “Por temas de protección, no podemos estar colocando fotos. Ya están alertas (sus atacantes)”. Defensora, Jach’a Marca Tapacarí Cóndor Apacheta.

Fuente: Libro inédito del Cedib

Vía Correo del Sur

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