RIBERALTA VIVIÓ UNA JORNADA ELECTORAL DIFERENTE A LAS ANTERIORES

Ago 17, 2025

La elección democrática en Riberalta transcurrió entre calles abarrotadas, actividades recreativas, poca presencia policial y discursos espontáneos que reflejan el nuevo escenario comunicacional del Estado Plurinacional de Bolivia.

Por Lic. Marcos Lucio Araujo Murakami

Como sucede cada elección democrática en el Estado Plurinacional de Bolivia, antes República, la fiesta electoral se vive dentro y fuera de los recintos electorales, mostrando que no es un día común debido al auto de buen gobierno que rige durante la jornada y modifica el pulso cotidiano de la ciudad. En cada esquina de Riberalta se podían observar grupos familiares, vecinales y ciudadanos de distintos sectores movilizándose con expectativa, mientras algunas calles se convertían en improvisados espacios de encuentro. Es justamente esta combinación entre responsabilidad cívica y convivencia comunitaria lo que distingue a estas jornadas de cualquier otra fecha del calendario local.

Pese a las restricciones de circulación de motorizados emitidas por la Corte Electoral, en los barrios periféricos de la ciudad se vio a personas movilizándose en motocicletas y en algunos vehículos no autorizados, lo que a simple vista nos demuestra que hubo muy poco control policial para hacer cumplir la normativa. La ciudadanía, consciente de sus necesidades y del tiempo limitado que tiene para desplazarse, optó por recurrir a sus propios medios de transporte, mientras los controles eran prácticamente inexistentes. La escena se repetía una y otra vez: motos circulando con total normalidad, incluso frente a unidades policiales que no intervenían.

Las calles, por su parte, se vieron abarrotadas de transeúntes, quienes se dirigían a sus recintos electorales para cumplir con su obligación ciudadana. Muchas personas llevaban en el rostro una mezcla de compromiso y agotamiento, conscientes del peso que tiene su voto en un momento particularmente complejo del país. Mientras tanto, niños y adolescentes aprovechaban para convertir las avenidas principales y parques en campos de juego, improvisando partidos de fútbol, pistas de ciclismo o simplemente corriendo entre los puestos de venta que se instalaron al borde de las calzadas. Entre la muchedumbre se pudo observar a personas de todas las edades y estratos socioeconómicos compartiendo, conversando y ocupando los espacios públicos de forma espontánea y alegre.

Como ocurre en cada elección, algunos comerciantes y vivanderas aprovecharon la gran afluencia de personas para vender refrescos, empanadas, sándwiches y otros productos en las puertas de los recintos electorales. Estas ventas, que se consolidan como parte del paisaje electoral riberalteño, permitieron a muchos ciudadanos recuperar fuerzas y mantenerse en las filas bajo el sol de la Amazonía. La escena fue acompañada de una improvisada banda de músicos que, en uno de los recintos, interpretaba canciones tradicionales para amenizar la espera, mientras los votantes comentaban las particularidades de la jornada y algunos recordaban elecciones pasadas.

Durante la Jornada Electoral el hecho de desorden público más relevante se dio en instalaciones de la Unidad Educativa Félix Satori Román, justo cuando la candidata a diputada uninominal Yajaira Destre Antelo se presentaba a emitir su voto. En ese instante, un ciudadano no identificado empezó a dar un discurso político, llamando abiertamente a emitir el voto en contra de la izquierda. Lo más llamativo del hecho fue que las autoridades electorales, la Policía y los ciudadanos presentes contemplaron la escena sin intervenir, como si la sorpresa y el desconcierto hubieran paralizado cualquier intento de frenarla. El incidente fue breve, pero sintetizó la tensión que se respira en la actual coyuntura nacional.

Los candidatos a senadores y diputados sufragaron de manera normal y sin ninguna novedad, realizando declaraciones breves a la prensa local y evitando cualquier acto de protagonismo. Sin embargo, las elecciones a nivel general fueron distintas a las anteriores y esta diferencia se verá reflejada —inevitablemente— en los resultados finales de la votación. Los hábitos de consumo de información han cambiado profundamente en estos últimos cinco años: las plataformas electrónicas y redes sociales dominan el ideario popular y son el medio más utilizado tanto para el entretenimiento como para el consumo de noticias.

Las campañas electorales ya no dependen de largas caravanas ni de mítines masivos. Ahora los mensajes llegan a través de videos breves, transmisiones en vivo y contenidos digitales adaptados al formato vertical del celular. Muchos equipos de campaña supieron leer esta transformación y utilizaron estrategias de comunicación efectiva, mientras otros no lograron adaptarse y quedaron rezagados ante una ciudadanía más conectada y exigente. A ello se suma la desaparición progresiva de medios tradicionales, lo que obligó a los candidatos a utilizar canales alternativos de comunicación, en una competencia desigual donde las redes sociales jugaron un papel central.

Durante este proceso democrático también se pudo notar que una parte significativa del padrón electoral estaba compuesta por jóvenes votantes, quienes no consumen medios tradicionales, no participan en asambleas barriales ni asisten a reuniones políticas, sino que se informan exclusivamente a través de redes sociales. Estas nuevas prácticas obligaron a replantear completamente las estrategias de campaña y, en muchos casos, evidenciaron la falta de capacidad de algunos partidos para conectar con esta nueva generación. No cabe duda de que esta elección marcó el inicio de una nueva era en la comunicación electoral boliviana.

Esta no fue una elección más. Fue la primera de una nueva etapa, determinada por la era digital y por una ciudadanía que exige nuevas formas de diálogo. Solo queda esperar que los resultados sean favorables, más que a una sigla o a un candidato, al pueblo boliviano que enfrenta, día a día, una compleja crisis social y económica. Porque, al final, la verdadera victoria debería ser colectiva y traducirse en la construcción de un país más justo, digno y solidario.