Ubicada entre la Amazonía y el piedemonte andino, la ciudad beniana fortalece su economía, su memoria histórica y su calendario religioso, mientras autoridades y pobladores destacan un reciente galardón internacional.
Rurrenabaque, en el oeste del departamento del Beni, combina herencia histórica, práctica religiosa y actividad turística en un proceso que hoy define su perfil nacional. Con 21.240 habitantes según el Censo 2024 del INE, el municipio se ha consolidado como uno de los centros urbanos más dinámicos de la Amazonía boliviana, con una identidad fuertemente asociada a su festividad patronal del 2 de febrero, dedicada a la Virgen de la Candelaria.
La celebración forma parte de una continuidad histórica que se remonta a los primeros asentamientos indígenas tacanas, araonas y pueblos de raíz arawak, seguidos por la presencia misional desde el siglo XVI.
Ese proceso dejó prácticas religiosas sincréticas que, con el tiempo, se integraron a la vida cotidiana del pueblo. La festividad actual conserva elementos de esa mezcla cultural, visibles en danzas, vestimentas y música tradicional que acompañan la procesión principal.
Durante la fiesta patronal, la imagen de la Virgen recorre las calles centrales en una manifestación pública que moviliza a barrios urbanos y comunidades cercanas. Participan agrupaciones de macheteros, balseros, músicos de zampoña y comparsas locales. Las actividades religiosas se combinan con encuentros comunitarios, ferias gastronómicas y presentaciones culturales que fortalecen la economía de pequeños comerciantes, artesanos y transportistas.
Vecinos consultados coinciden en que la festividad funciona como un punto de reencuentro para familias que migraron a otras ciudades y regresan cada año. Comerciantes del mercado central y propietarios de hospedajes reportan que la ocupación aumenta de manera significativa en esa semana, impulsando ingresos en hotelería, alimentación y servicios turísticos. Mototaxistas y lancheros también señalan un incremento en la demanda de transporte hacia comunidades y atractivos naturales cercanos.
Este movimiento se articula con la condición de Rurrenabaque como puerta de ingreso a áreas protegidas de relevancia mundial, como el Parque Nacional Madidi y la Reserva de la Biósfera Pilón Lajas. Operadores turísticos locales explican que muchos visitantes que llegan por naturaleza y aventura extienden su estadía para coincidir con la festividad patronal, lo que amplía el impacto económico del evento religioso.
Autoridades municipales informaron que el destino “Rurrenabaque–Madidi–Pampas” recibió recientemente un reconocimiento en los Green Destinations Story Awards 2025 por iniciativas vinculadas a turismo sostenible y participación comunitaria, entre ellas proyectos liderados por mujeres tacanas.
Historiadores locales recuerdan que la tradición de celebrar a la Virgen de la Candelaria se mantiene desde el siglo XIX, cuando la población ya realizaba actos religiosos públicos cada 2 de febrero. Aunque existen distintas versiones sobre la fundación del pueblo, la fecha de la fiesta se sostuvo como eje simbólico, incluso en periodos de cambios económicos como la fiebre del caucho y la posterior consolidación del turismo.
Actualmente, la festividad es coordinada por la parroquia local, juntas vecinales y organizaciones culturales. El municipio apoya con logística, seguridad y promoción, mientras instituciones educativas participan con delegaciones estudiantiles en desfiles y actos cívicos. La Iglesia, por su parte, concentra las ceremonias litúrgicas que marcan el calendario religioso.















