Tras casi tres meses sin suministros externos, un cargamento ruso de petróleo llega a Matanzas, con autorización de Estados Unidos y respaldo político del Kremlin ante la emergencia energética.
El buque petrolero ruso Anatoli Kolodkin ya se encuentra frente a la terminal de Matanzas a la espera de iniciar la descarga de aproximadamente 100.000 toneladas de petróleo, según confirmaciones de autoridades del transporte ruso y reportes de tráfico marítimo internacional.
La nave partió desde el puerto de Primorsk con un volumen significativo de crudo destinado a cubrir parte del déficit energético cubano. Su llegada rompe un periodo de casi noventa días sin recepción de combustible en la isla, situación que provocó interrupciones prolongadas del servicio eléctrico y restricciones en sectores clave.
Durante el trayecto, el petrolero navegó bajo bandera rusa y completó la mayor parte del recorrido sin escolta militar. Solo fue acompañado en el paso por el canal de la Mancha, antes de continuar en solitario hacia el Caribe. Registros de navegación confirman la ruta y los tiempos de desplazamiento.
El envío se produce tras la paralización de suministros desde Venezuela y México, países que habían sostenido el flujo energético hacia Cuba en meses anteriores. La interrupción coincidió con presiones diplomáticas desde Washington, lo que dejó a la isla sin abastecimiento regular desde inicios de enero.
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump fijó una posición pública sobre el ingreso del cargamento. “No nos importa dejar que alguien reciba un cargamento porque lo necesita. Tienen que sobrevivir”, declaró ante medios, autorizando de hecho el arribo del crudo ruso.
En Moscú, el respaldo fue explícito. El canciller Serguéi Lavrov sostuvo que su país mantiene una “solidaridad inquebrantable” con Cuba. A su vez, el portavoz presidencial Dmitri Peskov confirmó coordinación directa con La Habana: “Estamos en diálogo permanente y estamos debatiendo cómo ayudar en esta situación tan difícil”.
Fuentes técnicas del sector energético indican que el volumen transportado permitirá cubrir necesidades inmediatas, aunque de forma limitada. El petróleo deberá ser procesado en refinerías locales antes de su distribución, lo que implica un margen operativo adicional antes de su impacto en la red eléctrica.







