Las aguas del río Mamoré todavía no están tranquilas. En la zona de Guayaramerín, Beni, la tensión se adueñó de la frontera por cuatro días. La pasada semana, varias embarcaciones bolivianas fueron retenidas y hasta quemadas por la Policía Federal del Brasil y se las llevaron a su territorio debido a procesos instalados por contrabando y tráfico de drogas desde Bolivia. 

En respuesta, el pasado viernes, miembros de la asociación de balseros retuvieron un barco privado brasileño de la empresa Aquaflex que transportaba pasajeros hacia el lado boliviano. Recién este lunes esa embarcación fue liberada tras la negociación de autoridades de ambos países. Hoy por la noche, los puertos empezaron a recibir el flujo de pasajeros.

Según la Policía Federal de Brasil, el pasado viernes una balsa boliviana fue retenida tras detectar actividad sospechosa en territorio brasileño. Los policías encontraron al interior ropa, presuntamente de contrabando. Ese informe fue publicado por un medio local de Guajará-Mirim (Brasil) en el que también se detalla que existen botes –conocidos como “peque-peque”- que transportan contrabando hacia el lado brasileño. Incluso menciona antecedentes de tráfico de sustancias controladas.

Christian Álvarez, oficial de la Armada Boliviana en Guayaramerín, explicó que las autoridades brasileñas abrieron su puerto hoy a las 18:30 y que el tráfico fluvial entre ambos países se normalizará el transcurso de mañana. Además, el militar añadió que habrá reuniones para calmar la situación en la frontera.  

“En este momento se dio la luz verde para que las empresas, tanto de Brasil como de Bolivia, como también los sindicatos de transporte de carga puedan realizar la navegación. El tema aún (del conflicto) está a otro nivel, entonces van a tener mañana una reunión para poder definir la situación. Fue un trabajo de muchas reuniones para que podamos restablecer el tráfico fluvial. Asimismo, se realizó navegación solidaria estos días que no hubo tráfico fluvial, sobre todo con la población que está con mucha vulnerabilidad de salud”, informó el militar.

El contrabando en esta parte de la frontera es de ida y vuelta. Desde el lado brasileño se utilizan diversas embarcaciones para introducir productos de manera ilegal a Bolivia. La mayor parte de la mercadería son cervezas y gaseosas. Todas estas operaciones se hacen en presencia de militares bolivianos y brasileños.

EL DEBER comprobó, en un reportaje anterior, que un paquete de 15 cervezas en lata de la marca Skoll de 219 mililitros cuesta máximo Bs 40 en territorio brasileño y Bs 50 en Guayaramerín, mientras que una lata de cerveza Paceña de 355 ml cuesta entre 8 y 10 bolivianos. En tanto, el kilo de pollo brasileño tiene un precio de Bs 12, mientras que el nacional -si es que llega-, se cotiza en el mejor de los casos entre Bs 16 y 18.

Una lata de cerveza brasileña en Riberalta o Guayaramerín cuesta máximo cuatro bolivianos, muy por debajo de lo que vale una nacional. En las tiendas de estos municipios colocan las cajas de estas bebidas en sus ingresos y mucha gente accede desvirtuando lo producido en suelo boliviano.

La internación de artículos desde el vecino país es tan sencilla que incluso se dispone de una especie de servicio de delivery, según lo constató este medio. Los comercios brasileños ponen a disposición de sus clientes bolivianos sus catálogos digitales para que estos hagan sus pedidos. El pago y la entrega se realiza a través de los “peque-peque”, que cruzan el imponente río Mamoré.

Las canoas de “peque-peques” miden aproximadamente diez metros de largo y un ancho de entre 1,60 y 1,80 metros. Su fabricación tiene un costo que oscila entre los Bs 6.000 y 7.000. Pueden transportar hasta 5.000 kilos por viaje. La competencia es feroz, ya que además de las asociaciones de “peque-peques”, existe transporte legalmente establecido que cobra 12 bolivianos para cruzar desde Bolivia a Brasil y Bs 15 para el retorno. De igual manera, permite transportar productos brasileños, aunque no en gran cantidad. El control en ambos lados es escaso, ya sea de militares bolivianos y brasileños.

Los ‘peque-peques’ son embarcaciones con motores pequeños de podadoras de céspedes que se adaptan para navegar. Su costo es mucho más bajo que un motor fuera de borda y consume mucho menos combustible.

El líder cívico de Guayaramerín, Joaquín Velarde, emplazó el domingo a las autoridades bolivianas a resolver la situación de fondo y denunció que la Policía Federal de Brasil comete “abusos y atropellos” contra las embarcaciones. El cívico dijo que los policías brasileños “hunden” los botes con bandera boliviana y que incluso son incendiadas.

“Nos declaramos en estado de emergencia hasta que se resuelva a totalidad estos desagradables incidentes. De una vez, nuestras autoridades hagan su trabajo y pongan orden este punto de la patria”, dijo Velarde.

Tanto en Riberalta como en Guayaramerín no existen métodos para tratar de erradicar el contrabando de productos desde Brasil. Son como un “mal necesario”, ya que, a estas localidades, por la lejanía- no tienen una llegada permanente. La población no tiene problemas en consumir la mercadería ilícita.

Vía El Deber y Noticias al Día de Bolivia

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