La jornada que enfrentó Luis Arce tras su aprehensión dejó expuesto un hecho político que sorprendió incluso a sus propios allegados: el expresidente quedó prácticamente sin respaldo visible. A diferencia de los días en que era escoltado por funcionarios, militantes y operadores políticos de su facción, esta vez el vacío fue absoluto. Solo una persona se presentó en puertas de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) para mostrarle apoyo, mientras la estructura arcista que lo acompañó durante años permaneció ausente. La imagen sintetizó la ruptura interna que atravesó al Movimiento al Socialismo y el aislamiento que hoy golpea a quien dirigió el país entre 2020 y 2025.
Entre las voces que rompieron el silencio destacó la de María Nela Prada. La exministra, una de las figuras más cercanas a Arce, afirmó que el procedimiento ejecutado contra el exmandatario era un “secuestro ilegal” y exigió que, por su condición de expresidente, se respete la vía constitucional del juicio de responsabilidades. Fue la única exautoridad de su círculo íntimo que se aproximó personalmente a la FELCC para exigir información y denunciar lo que consideró un acto de persecución política. Prada remarcó, además, que carece de cualquier vínculo con el caso Fondioc, investigación que hoy sustenta las acusaciones en contra de Arce.
La reacción de quienes integraron su gabinete reflejó un deterioro profundo de la lealtad política. De 40 ministros que acompañaron su gestión, solo Edgar Montaño expresó públicamente su desacuerdo con la detención. En un comunicado, pidió la liberación inmediata del expresidente y reclamó una investigación imparcial y exhaustiva. Subrayó que el respeto al debido proceso debía primar por encima de intereses políticos, advirtiendo que el país necesita estabilidad institucional y transparencia.
En el extremo opuesto, el exdiputado Rolando Cuéllar marcó distancia sin matices. Lejos de solidarizarse, sostuvo que no otorgará protección a ningún actor sospechado de corrupción. Demandó que el Ministerio Público amplíe las medidas de arraigo contra Arce, Evo Morales y otros involucrados en el caso Fondioc. Para Cuéllar, la rendición de cuentas es inevitable y debe alcanzarlos a todos por igual, independientemente de su peso político o su historia dentro del MAS.
El bloque evista también reaccionó, aunque de forma estratégica. Si bien Evo Morales optó por no pronunciarse, su aliado Héctor Arce sí lo hizo, pero no para defender al expresidente. El diputado criticó duramente al Gobierno de Rodrigo Paz y calificó la aprehensión como un “circo” orientado a desviar la atención de problemas estructurales como la crisis económica o la violencia registrada en Cotapachi. Sus declaraciones buscaron reposicionar a su facción en medio de una coyuntura que evidencia fracturas profundas dentro del masismo. Aun así, reconoció que, si existen pruebas suficientes, Arce debe enfrentar el proceso correspondiente.
La noche cerró con una imagen desoladora. A las afueras de la FELCC solo permanecían periodistas. Ningún dirigente, militante o simpatizante del arcismo llegó para defender o acompañar al exmandatario. La ausencia, más que un gesto aislado, reflejó un quiebre definitivo: Luis Arce pasó de liderar una estructura masiva a enfrentar su momento más crítico completamente solo.






