LOS ETERNOS CANDIDATOS: ENTRE EL RECICLAJE POLÍTICO Y EL SALTO DE PARTIDOS, BOLIVIA SIN RENOVACIÓN REAL

May 21, 2025

Pese a la proliferación de alianzas, logos nuevos y nombres reciclados, el panorama electoral boliviano muestra una continuidad preocupante.

Por Marco Antonio Santivañez Soria
En cada elección, Bolivia parece atrapada en un ciclo que se repite con obstinación. Las listas recientemente registradas ante el Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman lo que muchos ciudadanos, analistas y sobre todo los votantes más jóvenes ya ven con creciente frustración: la política boliviana continúa monopolizada por los mismos de siempre.
Rostros ya conocidos, candidaturas recicladas, alianzas que cambian de nombre pero no de fondo, y un tablero electoral donde el recambio generacional es apenas un espejismo.

El regreso de los que nunca se fueron

Uno de los rasgos más evidentes de este proceso electoral es la reaparición de varios candidatos presidenciales que ya fueron rechazados en reiteradas ocasiones por las urnas.
Viejos caudillos que insisten, elección tras elección, en mantenerse vigentes pese a las derrotas acumuladas.
Jorge “Tuto” Quiroga, ex presidente interino entre 2001 y 2002, vuelve al ruedo político bajo la sigla de Alianza Libre.
Se trata de su cuarta incursión como presidenciable desde que dejó el poder. A pesar de su historial de derrotas y escasa tracción electoral, insiste en presentarse, rodeado de colaboradores de larga data y familiares, como su hermana Ana María Quiroga Ramírez, candidata por Cochabamba, Branco Marinkovic ex ministro de Jeanine Añez y ex presidente cívico de Santa Cruz, Ernesto Suárez, ex prefecto, ex gobernador de Beni y ex candidato a la Vicepresidencia con Sameul Doria.
Manfred Reyes Villa, ex alcalde de Cochabamba y figura omnipresente de la política boliviana, también vuelve a intentarlo. Tras sus postulaciones fallidas de 2002 y 2009, y su tercera campaña presidencial en marcha, su discurso no parece haber cambiado sustancialmente. A pesar de haber sido desplazado por opciones más frescas en el pasado, Reyes Villa insiste en repetir una fórmula desgastada.
Pero si hay un caso paradigmático de persistencia política, es el de Samuel Doria Medina.
Samuel Doria Medina, Empresario cementero y político reincidente se presenta nuevamente como candidato presidencial.
Con cuatro postulaciones anteriores al cargo (2005, 2009, 2014 y 2020), dos postulaciones vicepresidenciales (en 1997 y 2020), y ahora una quinta candidatura presidencial, su nombre ha sido constante en la papeleta durante casi tres décadas.
Pero empecemos a ver a cada partido que se presenta en esta elección tan particular:

MAS: tres corrientes, una sola lógica

Durante este periodo democrático, el Movimiento al Socialismo (MAS) se ha fracturado en tres corrientes principales, reflejando el desgaste interno del partido que dominó la política boliviana en las últimas dos décadas.

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  1. El ala arcista, encabezada por el presidente Luis Arce Catacora, mantiene el control de la sigla original del MAS y ha inscrito al ex ministro Eduardo Del Castillo como candidato a la presidencia, en tanto que el mandatario entra de candidato a primer senador por La Paz.
    Aunque Arce decidió no ir por una nueva reelección presidencial, su inclusión en las listas refleja una estrategia de retención de poder institucional desde el Legislativo.
  2. La corriente evista, liderada por Evo Morales, quedó fuera de la contienda luego de que el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) ratificara la inhabilitación del ex presidente para postular nuevamente.
    Aunque Morales fundó su propia sigla, EvoPueblo, esta tampoco estará presente en las elecciones de 2025, tras la anulación de las personerías jurídicas de FPV y Pan-Bol, que le servían como vehículos electorales o partidos de alquiler.
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3. El androniquismo, agrupado en la nueva alianza Alianza Popular y encabezado por Andrónico Rodríguez, representa una división más reciente.
Rodríguez, que fue presidente del Senado durante cinco años, se postula por primera vez a la presidencia y aparece como una de las pocas novedades reales en el tablero político.
No obstante, su equipo está compuesto por rostros ya conocidos del masismo.
En su frente destacan figuras como Mariana Prado, ex ministra de Evo Morales y ex jefa de gabinete de Álvaro García Linera; Jessica Jordan, ex candidata a gobernadora del Beni por el MAS, ex diplomática en la época de Evo Morales, ex vicepresidenta de Entel durante la gestión de Arce y ahora candidata a senadora por el Beni.
También figura Mario Cronenbold, ex alcalde de Warnes y ex aliado de Evo, aunque esta vez sin postulación formal, pero encargado de maneja la campaña del nuevo frente masista.
En este nuevo grupo está el dirigente campesino Humberto Claros, muy cercano a Evo, y es candidato a primer senador por Cochabamba.
A pesar de esta división, las tres corrientes del MAS reflejan un patrón común: la resistencia a una renovación estructural del liderazgo, salvo por el caso puntual de Rodríguez, cuya candidatura representa más una transición interna del aparato que una ruptura real.

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Reyes Villa y su ejército de tránsfugas

En Súmate, la alianza encabezada por Manfred Reyes Villa, la lógica del reciclaje también impera. Su tercera postulación presidencial viene acompañada de una lista de candidatos que evidencia un alto grado de transfuguismo. Figuras como Paola Barriga y Williams Bascopé —ambos con vínculos anteriores al MAS— comparten papeleta con Rómulo Calvo, ex líder cívico cruceño, y Milena Soto, ex Resistencia Juvenil Cochala.
A esto se suman nombres como Silvana Mucarcal, Pablo Arízaga (ex CC), Laura Rojas, Jennifer Torrico (ex Creemos) y Genghiskan Justiniano, actual diputado de Comunidad Ciudadana. La supuesta renovación que Súmate pregona se diluye ante una realidad de rotación de nombres, sin una identidad ideológica clara más allá del rechazo coyuntural al oficialismo.

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Tuto y su escuadra tradicional

La Alianza Libre, el proyecto político de Jorge Quiroga, reúne a un elenco de nombres que remiten directamente a la política tradicional. Además de su candidatura presidencial, destacan en sus listas su hermana Ana María Quiroga Ramírez, figura clave en Cochabamba; el ex presidenciable Guillermo Mendoza; así como Tomasa Yarhui, Branko Marinkovic, Ernesto Suárez y Carlos Eduardo Palenque hijo.
También figuran el analista Jorge Santiestevan, la ex diputada María René Álvarez, Luciana Campero, Armin Lluta y el periodista deportivo Gonzalo Pórcel. En conjunto, representan una apuesta por lo conocido, lo que ya fue. El discurso de apertura contrasta con la fuerte presencia de la vieja guardia.

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Samuel Doria Medina: el candidato que nunca se baja

Empresario cementero y político reincidente, Samuel Doria Medina se presenta nuevamente como candidato presidencial, consolidando su lugar como uno de los principales símbolos del reciclaje político en Bolivia. Con cuatro postulaciones anteriores al cargo (2005, 2009, 2014 y 2020), dos postulaciones vicepresidenciales (en 1997 y 2020), y ahora una quinta candidatura presidencial, su nombre ha sido constante en la papeleta durante casi tres décadas.
Al mando de la Alianza Unida, Doria Medina lidera una fórmula construida en torno a figuras con pasado político visible. En sus listas destacan Juan Del Granado, ex alcalde de La Paz; las ex senadoras Cecilia Requena, Andrea Barrientos y Toribia Lero; el periodista Henry Contrera; el ex diputado Alejandro Reyes; y el ex dirigente y analista José Luis Bedregal. A esto se suma un equipo de operadores con presencia en medios y redes, que actúan más como figuras públicas que como representantes de una renovación política real.

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Nueva Generación Patriótica: un rostro nuevo con las viejas mañas

El partido Nueva Generación Patriótica (NGP), fundado por Edgar Uriona Veizaga, se presenta como una fuerza emergente en el tablero electoral boliviano, pero su comportamiento replica los vicios de la política tradicional.
Aunque con sigla nueva y poca trayectoria, su estructura interna responde a la lógica de partidos de alquiler, donde las alianzas se tejen más por conveniencia que por coherencia ideológica.
El economista Jaime Dunn, conocido por su papel mediático como analista crítico del gobierno, intentó sin éxito pactar con otras agrupaciones hasta encontrar refugio en el NGP.
A pesar de su intención de ser candidato presidencial, su inhabilitación —por no presentar su solvencia fiscal, requisito que delata conflictos pendientes con el Estado— lo obligó a conformarse con un rol protagónico en la estructura, pero sin candidatura.
En el acuerdo logrado, Dunn cedió la vicepresidencia a Edgar Uriona, fundador del partido, consolidando un binomio que combina tecnocracia con cálculo político.
Además, apadrinó la postulación del también mediático Paúl Coca como candidato a diputado, reforzando el perfil de una alianza centrada en figuras de pantalla antes que en liderazgos territoriales o sociales.
Si bien NGP intenta mostrarse como una alternativa nueva, su construcción carece de bases sólidas y responde más al reciclaje de figuras con visibilidad mediática que a un verdadero proyecto de renovación.
Su narrativa crítica al oficialismo se diluye ante la falta de propuestas concretas y una estructura que opera bajo patrones tradicionales del clientelismo político boliviano.

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MORENA: EL INTENTO DE RENOVACIÓN QUE NO TERMINA DE CUAJAR

La agrupación ciudadana Morena, liderada por la exsenadora y actual figura alteña Eva Copa, intenta posicionarse como una alternativa fresca en el tablero político boliviano.
Sin embargo, su construcción como fuerza nacional enfrenta obstáculos considerables.
A pesar de haber copiado el nombre del partido gobernante mexicano —lo que ha generado críticas por la falta de originalidad—, Morena aún no logra articular un proyecto político sólido, ni una narrativa clara que conecte con el conjunto del país.
Su presencia se concentra mayormente en El Alto, donde Copa conserva cierta base social y liderazgo local.
La postulación del exvocero presidencial Jorge Richter como candidato a la vicepresidencia ha sido leída más como una jugada táctica que como un símbolo de renovación.
Richter, con una trayectoria zigzagueante entre el oficialismo y la crítica, encarna más un reciclaje de cuadros que una apuesta por nuevos liderazgos.
Morena, por ahora, parece atrapada entre la intención de inventarse a las viejas lógicas de la política tradicional.

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PDC, la sigla del reciclaje político

El Partido Demócrata Cristiano (PDC) se ha convertido, en los últimos procesos electorales, en un ejemplo claro del reciclaje político en Bolivia.
Este año lanzó al pastor Chi Hyun Chung, con quien luego rompió vínculos. En este proceso, se alió brevemente con Jaime Dunn, pero también rompió con él. Finalmente, entregó su personería a Rodrigo Paz Pereira, actual candidato presidencial.
Aunque es su primera postulación al cargo, Paz no representa ninguna novedad: es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, fue diputado nacional, senador por Comunidad Ciudadana y alcalde de Tarija.
Su trayectoria lo ubica como una figura consolidada del viejo espectro político, sin propuestas de renovación real.
A su lado aparece como candidato a vicepresidente un ex policía, que inicialmente aspiraba a la presidencia, pero al no conseguir apoyo suficiente, terminó aceptando el segundo lugar en la fórmula. Esta dupla surgió tras la caída de Sebastián Careaga, joven empresario y piloto que inicialmente fue presentado como vicepresidenciable del PDC, pero que luego migró a las filas de Samuel Doria Medina como primer senador por Potosí.

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Johnny Fernández y UCS: El partido tradicional con mañas de siempre

Unidad Cívica Solidaridad (UCS), el partido de Johnny Fernández, vuelve al ruedo electoral con la misma lógica que ha mantenido desde los años 90: la de una sigla al servicio de sus intereses.
Aunque esta vez lanzará a su propio líder como candidato presidencial, se comenta que UCS está en modo “espera estratégica”, con la mira puesta en posibles caídas de otras candidaturas para ofrecer su sigla a última hora, antes del 6 de junio.
Johnny Fernández, actual alcalde de Santa Cruz y exalcalde en dos gestiones anteriores, ha convertido al partido fundado por su padre, Max Fernández, en una plataforma personal.
Sin democracia interna ni renovación visible, UCS representa el modelo de partido tradicional que opera como empresa familiar.
Pese al desgaste, sigue apostando a las viejas fórmulas: el caudillismo, el oportunismo electoral y el reciclaje político, sin presentar propuestas nuevas ni liderazgos emergentes. Más de lo mismo, otra vez.

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ADN: El disfraz de lo nuevo con mañas de siempre

Acción Democrática Nacionalista (ADN), el partido fundado por el dictador Hugo Banzer, intenta subirse a la ola del “rostro nuevo” con un binomio inédito, pero arrastrando las mismas prácticas de la vieja política boliviana.
Aunque los nombres de Paulo Rodríguez Folster y Antonio Saravia no son conocidos en el ámbito político nacional, su postulación no representa una renovación real.
Rodríguez es un empresario quinuero con amplio respaldo económico, presidente del club GV San José, y principal financista de su propia campaña.
Su compañero de fórmula, Antonio Saravia, es un analista libertario que vivió gran parte de su vida en EE. UU., admirador declarado de Javier Milei y apoyado desde el extranjero por figuras del viejo MNR, como Carlos Sánchez Berzaín.
ADN se ha convertido en un partido de alquiler, ofertando su sigla al mejor postor, sin principios ni estructura renovada. Cambian las caras, pero se mantiene el guion del clientelismo político.

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¿Y la renovación real?

Pese a la proliferación de alianzas, logos nuevos y nombres reciclados, el panorama electoral boliviano muestra una continuidad preocupante.
Ex ministros, ex parlamentarios, ex cívicos, analistas de medios y viejas glorias partidarias se disputan el poder en una escena saturada de déjà vus.
La presencia de jóvenes, liderazgos comunitarios, mujeres emergentes o voces alternativas es mínima.
Los partidos prefieren apostar por lo conocido, aunque haya fracasado, que arriesgar con nuevas propuestas o abrirse a un verdadero relevo generacional.
En 2025, Bolivia enfrenta una nueva elección con el mismo elenco, aunque algunos cambien de camiseta.
Una democracia que gira en círculos, atrapada entre los eternos candidatos y la falta de ideas frescas.
Mientras tanto, la ciudadanía sigue esperando algo distinto. Tal vez, simplemente, alguien nuevo.