Desde el estadio Yoyo Zambrana, el exdefensor recordó la histórica conquista aviadora de 2000, repasó episodios desconocidos de aquella final y analizó el presente del fútbol boliviano.
El césped del estadio Yoyo Zambrana guarda recuerdos que el tiempo no ha podido borrar. Allí, donde el 27 de diciembre de 2000 Wilstermann conquistó el título nacional y se convirtió en el primer campeón boliviano del nuevo milenio, Luis Reyes Zabala regresó para revivir una de las páginas más memorables de su carrera.
Lo hizo durante una entrevista concedida al programa “Marco Sin Filtro y El Mamoré”, en el mismo escenario donde el conjunto cochabambino desafió todos los pronósticos y levantó una copa que parecía destinada a otro dueño.
El exlateral derecho recordó que la llegada de Wilstermann a aquella final estuvo marcada por problemas internos, ausencias y dudas que hacían pensar en un desenlace adverso. Sin embargo, explicó que el grupo encontró en la unión la principal herramienta para enfrentar la presión.
“Llegamos con muchas dificultades, sin técnico, con compañeros importantes fuera del equipo y con varios lesionados. Pero nos hicimos fuertes como grupo. Sabíamos lo que representaba Wilstermann y estábamos convencidos de que podíamos lograrlo”, relató.
La historia tenía un componente especial para Reyes. Nacido en Trinidad, disputaba el partido más importante de su carrera en su propia tierra. Del otro lado aparecía un poderoso Oriente Petrolero, respaldado por miles de seguidores que habían llegado desde Santa Cruz para celebrar una coronación que parecía asegurada.
“Desde que entramos a la cancha nos gritaron de todo. El estadio estaba lleno de orientistas. Ellos ya tenían preparada la fiesta. Nosotros llegamos con otra idea”, recordó.
Entre las anécdotas que todavía conserva intactas en la memoria, destacó una conversación con Javier González antes del encuentro. Reyes asumió la misión de controlar a José Alfredo Castillo, mientras su compañero se encargaba de Joselito Vaca. El plan funcionó y Wilstermann logró neutralizar a dos de las principales figuras del rival.
La otra escena imborrable llegó en el primer gol aviador. Reyes recordó que observó un espacio a espaldas de los defensores y decidió enviar un pase largo. Sabía que Carlos “Pollo” Cárdenas podía llegar antes que todos. La jugada terminó con una definición magistral y abrió el camino hacia la victoria.
“Yo sabía que, si la pelota iba ahí, él llegaba. Fue una acción que salió exactamente como la imaginamos”, señaló.
Mientras la mayoría de los espectadores vestía de verde, apenas un pequeño grupo de hinchas rojos resistía en una de las tribunas.
Reyes contó que incluso hubo preocupación por su seguridad, aunque permanecieron alentando durante toda la tarde.
La consagración silenció un estadio que esperaba otra celebración. Wilstermann dio la vuelta olímpica y comenzó una larga noche de festejos que también dejó historias poco conocidas.
Una de ellas tuvo como protagonista al propio Reyes. A pedido de sus compañeros, salió del hotel donde se hospedaba el plantel para buscar una banda musical que amenizara la celebración. Con apoyo policial recorrió distintos sectores de Trinidad hasta convencer a varios músicos de acompañarlo.
“Llegamos al hotel tocando ‘Viva Trinidad’. Mis compañeros estaban felices. Fue una noche inolvidable”, relató entre sonrisas.
El festejo continuó hasta la madrugada entre música, bromas y la alegría de un plantel que había devuelto a Wilstermann a la cima del fútbol boliviano después de 19 años.
La conversación también permitió recorrer los inicios de su carrera. Reyes recordó que llegó a Cochabamba en 1994 para estudiar Derecho en la Universidad Mayor de San Simón. Lo que parecía una etapa académica terminó transformándose en el inicio de una trayectoria deportiva que lo convertiría en referente aviador.
Contó que fue el arquitecto Oswaldo Montaño quien lo animó a probar suerte en Wilstermann. En aquella prueba coincidió con figuras como Juan José Urruti, Eduardo Terrazas, Gastón Taborga y Víctor Hugo Andrada. Frente a más de 500 aspirantes, logró convencer al entrenador Rómulo Cortés.
“Esa era mi oportunidad. Yo veía a esos jugadores por televisión y de pronto estaba entrenando con ellos”, recordó.
Durante la entrevista también repasó el recordado partido frente a Independiente Petrolero en 1994, cuando Wilstermann remontó un 3-0 adverso para quedarse con el campeonato. Destacó el ingreso decisivo de Marcelo Angulo y el liderazgo de un plantel que nunca bajó los brazos.
Más adelante analizó su paso por The Strongest, las enseñanzas de entrenadores como Víctor Barrientos, Carlos Biasutto y Jorge Habegger, además de las exigencias que marcaron una época dorada del fútbol boliviano.
Reyes también se refirió al presente de la selección nacional y respaldó el proceso encabezado por el entrenador Óscar Villegas. A su criterio, Bolivia estuvo cerca de alcanzar objetivos importantes gracias a una planificación que debe sostenerse en el tiempo.
“Los procesos no se construyen de un día para otro. Hay que creer en nuestros jugadores y en nuestros entrenadores. Durante muchos años buscamos soluciones afuera y los resultados no llegaron”, afirmó.
Actualmente, el exdefensor desarrolla su carrera como director técnico al frente del club Amazónico. Desde allí trabaja en la formación de nuevos talentos y mantiene intacta la convicción que lo acompañó durante toda su vida deportiva.
“Primero hay que creer en uno mismo. Después vienen los resultados”, expresó.
Sentado a pocos metros de la cancha donde escribió la página más gloriosa de su carrera, Luis Reyes volvió a recorrer una historia que permanece viva en la memoria de Wilstermann y del fútbol boliviano. Cada rincón del Yoyo Zambrana le devolvió imágenes de aquella noche en la que un grupo de jugadores desafió la lógica, apagó una fiesta ajena y convirtió una final en leyenda.
















