Bolivia, Argentina, Brasil y Uruguay tienen capitales empresariales en el mercado paraguayo. La intervención bancaria abre interrogantes sobre depósitos, bonos y nuevas inversiones extranjeras.
Gentileza Martín Vásquez
Periodista, Asunción, Paraguay
Durante años, Paraguay se convirtió en uno de los destinos que más interés despertó entre empresarios de los países vecinos. Su régimen tributario, los costos de operación, los incentivos para instalar industrias y las posibilidades de expansión comercial alimentaron la imagen de un mercado atractivo para quienes buscaban diversificar sus negocios en Sudamérica. La crisis de Ueno Bank introduce ahora una preocupación que va más allá de los ahorristas paraguayos: qué ocurre con la confianza de los inversionistas extranjeros cuando una entidad financiera de gran presencia queda bajo resolución estatal.
El Banco Central del Paraguay informó que la inversión directa extranjera neta alcanzó en 2025 los 1.151 millones de dólares, el mayor flujo de toda la serie histórica. El saldo acumulado de inversión directa llegó a 14.774 millones de dólares, con capitales provenientes de 72 países. Brasil, Países Bajos, Estados Unidos, Uruguay e Islas Caimán encabezaron la lista de mayores saldos, mientras Argentina también apareció entre los países con presencia destacada.
Esas cifras muestran la dimensión internacional de la economía paraguaya, pero no significan que todo ese dinero esté depositado en bancos ni que se encuentre comprometido por la situación de Ueno. La inversión directa comprende participaciones empresariales, capitalizaciones, utilidades reinvertidas y otros movimientos vinculados a empresas. La exposición financiera de cada inversor debe identificarse por separado.
BRASIL Y URUGUAY, ENTRE LOS PRINCIPALES INVERSORES
Brasil ocupa un lugar destacado en la estructura de inversión extranjera de Paraguay. La cercanía geográfica, el intercambio comercial y la instalación de empresas en actividades productivas explican parte de esa presencia. Para las compañías brasileñas que operan al otro lado de la frontera, el sistema financiero paraguayo es una herramienta para manejar pagos, créditos, salarios y capital de trabajo.
Uruguay también aparece entre los principales países de origen de la inversión directa. En ese caso, además de empresas con actividad productiva, resulta importante observar la participación de sociedades de inversión y estructuras empresariales que pueden canalizar capitales de distintos propietarios.
Argentina, por su parte, mantiene una relación económica estrecha con Paraguay, tanto por la actividad comercial como por las inversiones en empresas, servicios, inmuebles y producción. Bolivia también tiene empresarios que apostaron por el mercado paraguayo, aunque las estadísticas generales de inversión no permiten identificar cuánto de ese capital corresponde a cada empresa ni qué parte mantiene relaciones financieras con Ueno.
La dimensión de esos vínculos obliga a evitar una conclusión apresurada: que una empresa brasileña, argentina, uruguaya o boliviana tenga operaciones en Paraguay no significa que haya perdido dinero por la crisis bancaria. Para establecerlo hay que identificar depósitos, bonos, créditos u otros instrumentos financieros que estuvieran relacionados directamente con la entidad intervenida.
LOS BONOS INTERNACIONALES, UNA EXPOSICIÓN QUE TRASCIENDE FRONTERAS
Uno de los elementos que amplía el alcance del caso es la emisión internacional de bonos que Ueno realizó en marzo de 2026. La entidad anunció una colocación de 350 millones de dólares, a cinco años y con una tasa de interés del 6,70%. Según la información difundida por el propio banco, la operación tuvo una demanda 1,5 veces superior al monto ofrecido y se destinó a ampliar el financiamiento a empresas paraguayas.
La intervención modifica las perspectivas de quienes adquirieron esos títulos. La recuperación de sus inversiones dependerá del tratamiento que reciban las obligaciones del banco, del valor de sus activos y de las decisiones adoptadas durante el procedimiento de resolución. No existe, sin embargo, información pública suficiente para determinar qué proporción de esos bonos fue adquirida por fondos o empresarios de Bolivia, Argentina, Brasil y Uruguay.
La caída del valor de los títulos y la incertidumbre sobre el cumplimiento de las obligaciones pueden afectar a inversionistas institucionales que operan en mercados internacionales. También pueden elevar la cautela de quienes analizan futuras emisiones de bancos paraguayos. La crisis de una entidad no equivale a un incumplimiento de todo el sistema, pero puede modificar la evaluación de riesgo que hacen los compradores de deuda.
EMPRESAS EXTRANJERAS ANTE UN ESCENARIO DISTINTO
El impacto también puede alcanzar a compañías que no tenían depósitos en Ueno. Una firma extranjera que utilizaba el banco para recibir pagos, administrar liquidez o financiar operaciones podría verse obligada a trasladar sus cuentas, renegociar servicios y buscar nuevas fuentes de crédito.
Para una empresa que produce en Paraguay y exporta a otros mercados, una interrupción financiera puede generar costos operativos. Los pagos a proveedores, las obligaciones salariales y las operaciones de comercio exterior necesitan continuidad bancaria. Si la entidad utilizada queda bajo resolución, la compañía debe reorganizar esos mecanismos, aunque sus instalaciones, terrenos y maquinaria no estén afectados.
La incertidumbre también puede influir en proyectos que todavía no se concretaron. Algunos inversores podrían pedir mayores garantías, revisar la situación de las entidades con las que trabajan o postergar decisiones hasta conocer el resultado de las investigaciones. No hay datos que permitan afirmar que esa reacción ya provocó una caída de la inversión extranjera, pero es un riesgo que las autoridades paraguayas tendrán que vigilar.
LA REPUTACIÓN FINANCIERA BAJO OBSERVACIÓN
El BCP sostuvo que la resolución de Ueno responde a una situación particular y que no representa una condición generalizada del sistema financiero paraguayo. La autoridad dispuso el procedimiento para verificar los activos, proteger a los depositantes y procurar la recuperación de los saldos que superen la garantía legal.
El resultado será importante para determinar si el caso queda limitado a una entidad o si deja consecuencias más amplias sobre la percepción de riesgo del país. La confianza de los inversores no depende solamente de los impuestos que pagan o de los costos para producir. También exige supervisión bancaria, transparencia en los créditos, reglas claras y mecanismos eficaces para responder cuando una institución pierde solvencia.
Paraguay todavía tiene una base importante de inversión extranjera y un flujo de capitales que alcanzó niveles récord en 2025. Pero la resolución de Ueno obliga a examinar con mayor detalle dónde están colocados esos recursos, qué bancos administran los fondos de las empresas extranjeras y qué controles existen sobre las operaciones con compañías relacionadas.
La denominación de Paraguay como una de las grandes oportunidades de inversión de Sudamérica no desaparecerá automáticamente por la crisis de un banco. Sin embargo, la confianza que permitió atraer capitales regionales dependerá ahora de la transparencia con que se esclarezcan las operaciones cuestionadas y de la capacidad del Estado para proteger a los depositantes sin trasladar las pérdidas al conjunto de la economía.








