DECRETO 5636 PONE EN ALERTA LA VIGENCIA DE DERECHOS Y LIBERTADES EN BOLIVIA

Jun 20, 2026

La declaración de Estado de Excepción por 90 días abre una discusión sobre límites del poder público, protesta social y participación ciudadana.

La aprobación del Decreto Supremo N° 5636, que establece un Estado de Excepción por conmoción interna en Bolivia, introduce una nueva etapa de tensión entre la capacidad del Gobierno para controlar una crisis y los derechos que tienen los ciudadanos para expresar sus demandas.
La disposición otorga facultades especiales al Órgano Ejecutivo y permite la intervención coordinada de los ministerios de Gobierno y Defensa, junto con la Policía Boliviana y las Fuerzas Armadas, con el objetivo de restablecer el orden público, proteger servicios esenciales y garantizar la circulación.
La norma fue justificada por el Gobierno bajo el argumento de que existen bloqueos, hechos violentos y afectaciones que ponen en riesgo actividades fundamentales para la población. Sin embargo, sectores sociales cuestionan que la respuesta estatal pueda ampliar demasiado las atribuciones del poder central y afectar derechos colectivos establecidos en la Constitución.
El aspecto que genera mayor preocupación está relacionado con la participación de las Fuerzas Armadas en tareas dentro del territorio nacional. El decreto permite su apoyo a la Policía para operativos de control, vigilancia de puntos estratégicos y protección de infraestructura considerada necesaria para el funcionamiento del país.
Para organizaciones sociales y sectores críticos, la incorporación de militares en conflictos internos representa un cambio importante en la forma de enfrentar las protestas. Un reclamo ciudadano puede dejar de ser tratado como una expresión política o social y pasar a ser considerado un problema de seguridad.
La experiencia boliviana muestra que los conflictos sociales estuvieron vinculados durante décadas con demandas de trabajadores, campesinos, indígenas y distintos sectores ciudadanos. Las marchas, bloqueos y concentraciones fueron mecanismos utilizados para exigir respuestas gubernamentales ante problemas económicos o decisiones políticas.
El temor planteado por estas organizaciones es que el decreto no establezca una separación suficientemente clara entre acciones violentas y movilizaciones sociales. Esa diferencia resulta fundamental porque una protesta legítima no debería recibir el mismo tratamiento que un hecho delictivo.
Otro punto de observación está relacionado con las restricciones a la reunión y concentración de personas. El decreto establece limitaciones para actividades públicas y entrega atribuciones a autoridades gubernamentales para autorizar o impedir determinadas acciones colectivas.
Esta medida cambia las condiciones en las que la ciudadanía participa en asuntos públicos. Una reunión, una marcha o una concentración pueden pasar de ser expresiones de un derecho constitucional a convertirse en actividades sujetas a una autorización previa.
La discusión no se centra solamente en la existencia de restricciones temporales, sino en quién decide cuándo una movilización representa una amenaza y bajo qué criterios se aplican las limitaciones.
El Decreto Supremo 5636 también permite que los ministerios de Gobierno y Defensa adopten medidas mediante disposiciones conjuntas. Esta concentración de decisiones facilita una respuesta rápida desde el Ejecutivo, pero genera cuestionamientos sobre el equilibrio entre las autoridades y los controles democráticos.
Durante un Estado de Excepción, el Gobierno obtiene herramientas adicionales para actuar frente a una situación considerada extraordinaria. El problema aparece cuando esas facultades pueden influir sobre espacios que normalmente pertenecen al debate público, la organización social y la participación ciudadana.
La norma contempla además investigaciones relacionadas con bloqueos, interrupción de servicios esenciales y posibles apoyos materiales a estas acciones. El objetivo declarado es identificar responsabilidades y evitar que continúen actividades que afecten a la población.
No obstante, sectores sociales expresan preocupación por la interpretación de algunos términos utilizados en la norma. Palabras relacionadas con apoyo, recursos o logística podrían abarcar situaciones amplias si no existe una aplicación precisa y basada en responsabilidades individuales.
Dirigentes vecinales, sindicales o representantes de organizaciones podrían verse involucrados en procesos por su papel dentro de movilizaciones, según advierten sectores que cuestionan la medida.
La aplicación del decreto también tiene efectos en la economía diaria. Las restricciones de circulación, transporte y actividades comerciales pueden afectar principalmente a quienes viven de ingresos diarios, como vendedores, pequeños productores y trabajadores independientes.
Cuando un conflicto político paraliza carreteras o servicios, las consecuencias recaen sobre la población. El abastecimiento puede verse afectado, los precios pueden cambiar y muchas familias enfrentan dificultades para mantener sus actividades habituales.
El Gobierno sostiene que la finalidad de la medida es proteger a la ciudadanía y garantizar condiciones básicas para el funcionamiento del país. Desde una mirada crítica, sectores populares consideran que el problema debe ser abordado atendiendo las causas que generan la protesta y no únicamente mediante mecanismos de control.
Uno de los puntos más delicados del decreto está en la definición de “conmoción interna”. El término permite justificar medidas extraordinarias, pero también abre una discusión sobre los límites de su interpretación.
Para las autoridades, una situación de bloqueo prolongado o violencia puede representar una amenaza al Estado y al bienestar colectivo. Para quienes protestan, esas acciones pueden ser parte de una demanda frente a decisiones que consideran perjudiciales.
La diferencia entre ambas visiones determina el tratamiento que reciben los conflictos sociales. Una misma acción puede ser considerada una afectación al orden público o una forma de presión ciudadana.
El Estado de Excepción debería tener un carácter temporal y excepcional. El riesgo señalado por distintos sectores es que se convierta en una herramienta utilizada con frecuencia para resolver problemas políticos que requieren soluciones más amplias.
La defensa de los derechos ciudadanos implica garantizar la circulación y el acceso a servicios básicos, pero también preservar la libertad de organización y expresión social. La aplicación del Decreto Supremo 5636 será observada por su impacto en la relación entre el Estado y la ciudadanía durante los próximos meses.

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